Tengo el corazón envejecido. Esta negación es locura, es que no lo sabemos y si lo sabemos, no queremos.
Estoy llena de nostalgia, de frases imprecisas, de una fila de abandonos y abandonados que me acosa. De rayones en las paredes que me dicen que somos entes precarios, finitos, espaciales, corpóreos, con posibilidades divinas o mortales de sortear el tiempo. Somos cuerpos amarrados con almas, testamentos mutables de verdades inmutables.
Hoy sólo quiero que pase el día, que avance la pena con el ausente, que se vayan conmigo…


