
Llevo semanas sintiendo un vacio en el estomago, una ausencia que se siente en mi cama individual en la que nadie ha dormido, más que yo. En mis mañanas que ya no comienzan con un teamo enredado entre las sabanas. De mis días que ya no son entre dos, sino en una, una que me invade y me sobrepasa...
Y parece que todos están enamorados, pero nadie deja de estar solo y mi piel se vuelve una necesidad de sentir a alguien, de tocar a alguien que no se vaya por la ventana, que me haga una promesa, aunque los dos sepamos que es mentira...
A veces sueño que estoy hecha de tres pedazos de hielo, uno del que mi corazón se derrite, otro del que mi cuerpo dice que no quiere estar solo y el otro en el que se congelan mis recuerdos.
No quiero tener sexo por sexo, ni terminar en la cama de alguien que no sabe mi nombre. Ni en tus brazos conocidos que me quieren, pero que jamás me amaran.
Quiero acostarme con alguien con amor, pero también con furia, con deseo, incendiar los sotanos y despertar a los muertos, quiero recordar un orgasmo y un tequiero del momento en el que los dos nos olvidamos de nosotros.
Llevo semanas con el deseo de no dormir sola, pero siempre me ha salido mal eso de intercambiar sexo por cariño, es un negocio en el que siempre salgo perdiendo...



1 comentarios:
Qué post tan honesto y valiente!
Me gustó mucho
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